Archive for mayo, 2011

Escucha y dinamización cerebral

Jueves 26 mayo 2011 10:06
Escrito por Rosó Marcellés Doménech

Hablar de rendimiento personal y profesional, es hablar de eficacia y eficiencia de las personas en el puesto que desempeñan dentro de una organización, y siempre presuponiendo que cuentan con las habilidades técnicas para su desempeño. La capacidad de optimismo, iniciativa, creatividad o de las funciones básicas cognitivas ejecutivas, como la atención, la concentración, memorización o toma de decisiones, requieren altos niveles de energía a nivel cerebral cortical en la persona.

¿Cómo nos dinamizamos? ¿De dónde procede esta energía que requerimos para afrontar nuestro día a día con fuerza y sin apatía?

Evidentemente, nuestra alimentación juega un papel importante a través del aporte de glucosa, pero la gran central energética de nuestro cerebro se encuentra en nuestro oído, a través de la función de una escucha óptima. La escucha y la dinamización cerebral son dos de las grandes funciones del oído, interrelacionadas y componentes esenciales para gozar de bienestar y tener un óptimo rendimiento.

El oído es una dínamo para el organismo. Es la gran central energética del cerebro gracias a unas células específicas que le son propias denominadas células de Corti. Cada frecuencia de sonido está asociada a la funcionalidad de una célula de Corti, que transforma la energía química en mecánica y, a su vez, ésta, en impulso nervioso neuronal gracias al movimiento físico o a través de la dispersión del sonido en el medio líquido auditivo, permitiendo la recarga cortical.

¿Por qué después de realizar deporte nos sentimos cansados, pero con altas dosis de energía?

Por el movimiento de las células de Corti.

¿Por qué fácilmente nos dormimos en un tren?

Por la escucha de sonidos graves que nos descargan a nivel cortical.

Una buena dinamización cerebral proviene de una correcta escucha de frecuencias agudas (4.000-8.000 Hz). Si nuestra escucha no es óptima, si hay pérdida perceptiva (no necesariamente auditiva) de frecuencias agudas por estrés mal gestionado, ansiedad o tensión psicoemocional (son las más afectadas ante estos procesos), el aporte energético y de recarga que requiere la proactividad queda sesgado. A modo de interés, comentar que la creatividad es la función cognitiva de más consumo energético cerebral. ¡Sin escucha, no hay creatividad!

Si nos centramos en la función de escucha/dinamización podemos decir que, gracias a la energía aportada por el oído, el ser humano se siente con ganas y deseos de emprender, provocando que sus acciones sean mucho más potentes y que almacenen una gran cantidad de energía. De ahí la afirmación de que los estímulos dinamizadores están en consonancia con el potencial creativo, la sensibilidad individual y una dinámica más activa. Sin una buena escucha y una buena dinamización se manifiestan sensaciones de apatía, desgana, irritabilidad, nerviosismo, cansancio, falta de atención, fallos de memoria, de concentración e incluso depresión.

La estimulación auditiva neurosensorial con el método Tomatis actúa directamente rehabilitando la función la escucha y de dinamización, y convirtiendo al ser humano de un mero espectador de situaciones, a protagonista de su vida.

Lectura recomendada: Por qué Mozart?, del Dr. Alfred A. Tomatis

Y la próxima semana: “Lateralidad auditiva y comunicación”

Las distorsiones de la escucha

Lunes 9 mayo 2011 11:23
Escrito por Rosó Marcellés Doménech

Comentábamos en el post anterior, que la pérdida de la capacidad de la escucha, cuando no existe una patología manifestada (otitis recurrentes, contaminación acústica, pérdida de audición por afectación del nervio auditivo, etc.), se produce como mecanismo de defensa psicológico del ser humano ante situaciones que no puede o no quiere afrontar, que le perturban y ante los cuales pone distancia. La escucha se ve perturbada cuando el cerebro no puede concentrarse en el mensaje auditivo que recibe, para analizarlo e interpretarlo, y ya no puede gestionar de manera satisfactoria la emoción que este mensaje puede desencadenar.

El proceso es debido a una inhabilitación por contractura de los músculos más pequeños de nuestro cuerpo humano y que están en el oído medio, el músculo que corresponde al hueso del martillo y el que corresponde al músculo del hueso del estribo. El primero regula la presión del tímpano. Si la presión no es correcta, el mensaje del emisor, no llega íntegro al cerebro. Está sesgado. Dejamos de atender, de escuchar unas determinadas frecuencias y por ello “entiendo algo distinto a lo que me dices”. A su vez, el músculo del estribo regula la presión de los líquidos del oído interno y, si ésta no es la adecuada, nuestra amígdala del sistema límbico, ante el estímulo sensorial y debido a la agitación de los líquidos, interpreta una situación de peligro poniéndose en marcha un proceso de reacción inconsciente impulsiva emocional que predomina por encima de la racional. Hemos activado un circuito corto neuronal de autodefensa. La información no ha pasado por el neocórtex para ser racionalizada y valorada, ha ido directamente a la amígdala de nuestro cerebro emocional.  “Cuando te hablo, sin motivo, reaccionas con impulsividad”.

El estrés sin autocontrol emocional, la tensión psicoemocional  y la ansiedad son algunos de los factores que provocan que los músculos del martillo y el estribo del oído medio sufran una contractura. De la misma manera que quedan sometidos a tensión y contractura ante el mismo proceso otros músculos del cuerpo, como los músculos faciales, que muestran sentimiento de tensión, dolor o sufrimiento, o los músculos de la espalda, que son más percibidos por el ser humano porque provocan dolor.  La contractura del martillo y del estribo conlleva la pérdida de la capacidad óptima de la escucha como aptitud y las consecuencias que de ella se derivan.

Las distorsiones de la escucha influyen negativamente en nuestro bienestar y rendimiento, pues la pérdida de esta capacidad activa, voluntaria, selectiva y de base neurofisiológica,  provoca una disminución de la comunicación y de las capacidades de interacción social, de atención y de dinamización energética mental y física. A la vez, entramos en un bucle,  ocasionando asimismo de nuevo, niveles más altos de estrés, ansiedad y tensión psicoemocional. Afortunadamente, la dimensión humana de la escucha es un proceso mecánico auditivo que puede ser rehabilitado y reeducado.

Lectura recomendada: El oído y la vida, del Dr. Alfred A. Tomatis

Y la próxima semana: “Escucha y dinamización cerebral para el óptimo rendimiento”