Archive for febrero, 2011

Los tres cerebros: reptiliano, límbico y neocórtex

Lunes 21 febrero 2011 11:18
Escrito por Salomé Altimira Herce

Los tres cerebros

Los tres cerebros

En esencia, el cerebro humano consta de tres formaciones o cerebros independientes. Cada uno de estos cerebros posee su propia inteligencia, su propia subjetividad individual, su propio sentido del tiempo y el espacio y su propia memoria, además de otras funciones*. Estos tres cerebros son, en orden de evolución, el cerebro reptiliano, el límbico y el neocórtex. Los tres cerebros están interconectados a nivel neuronal y bioquímico y cada uno controla distintas funciones de nuestro cuerpo, afectando directamente a nuestra salud, bienestar y rendimiento personal, profesional o académico.

El  reptiliano regula las funciones fisiológicas involuntarias de nuestro cuerpo y es el responsable de la parte más primitiva de reflejo-respuesta. No piensa ni siente emociones, sólo actua cuando nuestro cuerpo se lo pide: control hormonal y de la temperatura, hambre, sed, motivación reproductiva, respiración… Por encima del reptiliano, tenemos el sistema límbico, almacén de nuestras emociones y recuerdos. En él se encuentra la amígdala, considerada la base de la memoria afectiva. Entre las funciones y las motivaciones del límbico están el miedo, la rabia, el amor maternal, las relaciones sociales, los celos… Por último, tenemos el neocórtex o cerebro racional, que es quien permite tener conciencia y controla las emociones, a la vez que desarrolla las capacidades cognitivas: memorización, concentración, autoreflexión, resolución de problemas, habilidad de escoger el comportamiento adecuado… es la parte consciente de la persona, tanto a nivel fisiológico como emocional. Para hacerlo más fácil y comprensible, agruparemos el primer y el segundo cerebro y lo llamaremos cerebro emocional inconsciente; y al tercero, lo llamaremos cerebro racional consciente.

Buena parte de responsabilidad en conseguir este estado de salud integral recae en la estructura llamada amígdala del sistema límbico, que condiciona nuestros sistemas ejecutivos y de autocontrol emocional (neocórtex), a la vez que condiciona nuestra salud física (reptiliano). Cuando el estrés se apodera de nosotros, la amígdala se activa, no funciona con normalidad y esta alteración provoca que el cerebro no procese adecuadamente la información sensorial que le llega a través, principalmente, del oído, y de otros sentidos. Es entonces cuando la persona reacciona con impulsividad y se bloquean las funciones del neocórtex: los sistemas ejecutivos y de autocontrol emocional, que influye negativamente en nuestro bienestar y, en consecuencia, en nuestro rendimiento.

¿Quién no se ha bloqueado ante una situación de miedo, angustia o estrés?

Lectura recomendada: “Desarrolla tu cerebro”, de Joe Dispenza.

Y la próxima semana… “Aptitud+Actitud+Acción”

*MacLean, P.D., “The Triune Brain in Evolution: Role in paleocerebra functions”, Plenum Press, Nueva York 1990.

Pensar, sentir y actuar: tres conceptos, tres cerebros

Viernes 11 febrero 2011 16:14
Escrito por Salomé Altimira Herce

El neurólogo Antonio Damásio, profesor de Neurociencia, Neurologia y Psicologia de la Universidad de Southern California donde dirige el Instituto del Cerebro y la Creatividad, dice que las emociones se representan en el teatro del cuerpo, mientras que los sentimientos se representan en el teatro de la mente. Podríamos decir que las emociones son físicas y públicas, mientras que los sentimientos son mentales y privados. Aunque las emociones, los sentimientos y los pensamientos son tres conceptos distintos en su significado, comparten el bucle del cerebro-cuerpo-cerebro y el equilibrio entre los tres, pensar, sentir y actuar en una misma dirección, es la base del bienestar y el rendimiento. Pero vayamos por pasos, ¿qué es un pensamiento? Y ¿un sentimiento?, Y ¿una emoción? Y ¿cómo afectan estos conceptos a nuestro bienestar y rendimiento?

Los pensamientos son el mapa mental aprendido a través de la experiencia por asociación; las emociones son los cambios físicos y bioquímicos corporales desencadenados a través de los pensamientos; y los sentimientos son la percepción y la experimentación de estos cambios corporales. El bucle entre estos tres conceptos se produce en el cerebro, que genera una serie de cambios neurofisiológicos en el cuerpo. Estos cambios son detectados por los sensores corporales y la información llega al cerebro. Es entonces cuando, junto con los pensamientos asociados,  se generan los sentimientos correspondientes a la emoción.

Las emociones alteran el ritmo cardíaco y respiratorio, la presión arterial, el sistema endocrino y el sistema inmunológico, entre otros. Todos estos cambios afectan a nuestro bienestar físico, emocional y mental e influyen en nuestro rendimiento. Tener autoconciencia de las consecuencias que los pensamientos, las emociones y los sentimientos desencadenan en nuestra persona y saber autocontrolar y gestionar estas consecuencias es la clave para gozar de un bienestar íntegro que repercuta positivamente en nuestro rendimiento. El cerebro, más bien, los tres cerebros de que disponemos, tiene mucho que ver en este proceso. La semana que viene conoceremos un poco más qué función realiza cada uno de nuestros cerebros y cómo influye en nuestros pensamientos, emociones y sentimientos.

Lectura recomendada: El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano de Antonio Dámasio

Y la próxima semana… “Los tres cerebros”

El ser humano, un ser integral

Viernes 4 febrero 2011 11:51
Escrito por Rosó Marcellés Doménech
Bienestar físico, emocional y mental, claves de la salud y el rendimiento.

Bienestar físico, emocional y mental, claves de la salud y el rendimiento.

El ser humano no es sólo un ente biológico, es cuerpo, mente y emociones. El ser humano es un ser integral que para gozar de un rendimiento óptimo y máxima eficacia personal, profesional o académica, requiere que sus estados físico, mental y emocional actúen en equilibrio, coherentemente y en harmonía, o lo que es lo mismo, gocen de bienestar. La Organización Mundial de la Salud define el término bienestar como un estado de completo de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de enfermedad o dolencia.

El bienestar es entendido como el estado en la persona en el que existe un buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica. Porque cuando hablamos de bienestar no sólo nos referimos a una buena salud física, sino también a una buena salud mental y emocional. Para gozar de bienestar físico es necesario tener bienestar mental y emocional; para tener bienestar mental, se requiere buena salud física y emocional; y cómo no, para el bienestar emocional se precisa un buen estado físico y mental.

Estos tres estados se entrelazan e interactúan en nuestro día a día ejerciendo una gran influencia en nuestro rendimiento y eficiencia. Si una persona tiene problemas en su vida familiar, este malestar personal se trasladará a su ámbito laboral influyendo en su rendimiento profesional; si un estudiante vive en un entorno familiar problemático, se verá afectado con toda seguridad su rendimiento académico; y así, sucesivamente en todos los ámbitos de nuestra vida, sea cual sea nuestra profesión o condición social. El deporte de alto rendimiento, lo tiene claro. Un mal día personal en el  momento clave de la competición, puede condicionar y llevar al traste largas y duras jornadas de entrenamiento y de habilidades adquiridas.

Pero al igual que ellos, todos somos seres humanos y, como tales, también podemos ver condicionados nuestros mejores recursos, talento y potencial si no logramos mantener esta integralidad.

Lectura recomendada: Porque somos como somos, de Eduardo Punset.

Y la próxima semana… “Pensamiento, emoción, sentimiento: tres conceptos, tres cerebros”